¿Te ha pasado que das mucho en tu relación y los resultados no son los esperados?

Este blog es fascinante y creo que a la mayoría de ustedes los va a sorprender bastante, porque es un tema del que todos hemos hablado en algún momento de nuestras vidas, se trata de nuestras relaciones como pareja.

¿Alguna vez te ha pasado que te dedicas a dar todo en una relación, y cuando todo termina, sales sin recibir nada de todo lo que esperabas?

En este blog, profundizaremos en las relaciones por las que han pasado la mayoría de las personas. También compartiremos sobre algunos casos y la importancia de la reciprocidad en cualquier relación.

¿Quién no ha sufrido por amor? Creo que todos hemos pasado por esta situación en nuestras vidas al menos una vez. A veces el problema es que amamos demasiado y abrumamos con tanto amor (que en realidad no es amor). El amor, así como puede deslumbrarnos y hacernos felices, convirtiéndose en el motor de nuestra vida, también puede resultar asfixiante. Puede esclavizarnos e incluso destruirnos si no entendemos la forma en que amamos; talvez es tiempo de hacer cambios.

Cuando hablamos de amor, tener en cuenta:

La princesa en busca del príncipe: Es muy interesante que a pesar de que pasan los años y hemos vivido varias relaciones, seguimos enamorándonos ingenuamente sin tener claro lo que queremos y sin volver a las experiencias y aprendizajes de relaciones pasadas. Seguimos buscando ser salvados por el príncipe, y cuando estamos allí, nos olvidamos de que podemos construir nuestro reino.

El amor es una droga muy adictiva; De hecho, cuando nos enamoramos, el cerebro genera un cóctel de sustancias químicas que incluyen dopamina, oxitocina, serotonina y endorfinas que nos llevan a experimentar una increíble sensación de éxtasis, anestesia y bienestar, como si fuéramos sobrehumanos como si nos inyectamos una droga altamente adictiva.

En el mismo sentido, esa idea de que “el amor es ciego” es totalmente cierta, se da porque según estudios que dicen, si bien hay ciertas áreas del cerebro totalmente en llamas debido a la sensación de amor, hay otras, especialmente aquellas relacionados con las emociones negativas y el juicio crítico que están totalmente apagadas.

Es por eso que nuestra capacidad de racionalizar en medio de estas emociones es complicada y requiere un poco de trabajo extra. Y aquí es donde muchas personas se pierden entregando todo.

No hay nada más intenso que estar enamorado. Toda esta reacción de sustancias químicas en nuestro cerebro hace que el corazón se acelere. Tan pronto como tenemos sueño, surge dentro de nosotros la necesidad constante de estar con la otra persona todo el tiempo. Y como dice la canción en español, “ Le faltan horas al día…” porque tener a alguien a quien amar y que nos quiera nos revoluciona, sobre todo al inicio de la relación.

A veces, la otra persona puede convertirse en nuestro centro total de atención, dejando todo lo demás en un segundo plano. Se convierten en nuestro mundo; Es como si tuviéramos una venda en los ojos y no pudiéramos ver nada más de lo que está sucediendo a nuestro alrededor, excepto lo que está sucediendo con esa persona. Todo lo demás ya no nos importa, incluso el trabajo y las responsabilidades, sobre todo al inicio de la relación.

Todo hasta este punto suena maravilloso, especialmente cuando se comparte. El problema comienza cuando el equilibrio comienza a perderse, y uno de los dos comienza a amar más que el otro y, en muchas ocasiones, comienza a abrumar al otro.

Cuando esto sucede, quien más da, t siente que tiene que dar todo y más en un esfuerzo diario por mantener al otro a su lado. Los mitos culturales, especialmente en las mujeres, también juegan un papel importante allí, ya que las mujeres creen que estar en pareja significa dar todo sin límites y sin recibir mucho a cambio.

En este punto de la relación, quien está dando más está subyugado a quien está recibiendo. Y quien da mucho pone al otro en un altar como dios, y aquí la relación ya está en problemas porque no es entre dos entidades desiguales, sino entre un dios o diosa y un humano.

Esto coloca al otro en una posición ventajosa en la medida en que siente que se lo merece y da por sentado todo lo que recibe y le permite sentirse seguro en el lugar donde se encuentra, mientras su pareja vive en el espacio de la inseguridad y el miedo permanente acerca de perderlo.

He conocido muchos casos de parejas así. Recuerdo a una chica que vivió esta dolorosa situación y sufrió mucho sin poder soltar y dejar esta relación.

Ella comenzó una relación cuando estaba en la universidad, donde conoció al que creía que era el amor de su vida. Todo fue solo amor. Sin embargo, apenas unos meses después, cuando ya se conocían, comenzaron los problemas. El ya no era el mismo hombre del que ella se había enamorado locamente. Primero, perdieron el respeto; sus conversaciones eran peleas permanentes en las que gritaban y hablaban con rudeza. Él la hacía sentir culpable y, como consecuencia, tenía que correr a pedirle perdón, incluso sin tener la culpa de lo sucedido. Entonces, la relación se convirtió en un juego constante de lucha y reconciliación.

Su lazo emocional era tan fuerte que lo dejó todo, incluso después de cada abuso. Hizo todo lo que le pidió y más. Ella sabía todo sobre sus asuntos, de cada suspiro, siempre hacía todo lo posible por hacerlo feliz, pero él siempre la hacía sentir menos, miserable, que ella no valía nada.

Estaba celoso de ella todo el tiempo y, por lo tanto, la estaba distanciando de sus amigos e incluso de su familia. Él le exigía a ella que pasara cada vez más tiempo con él. Le dijo que quería que fuera su mundo y que no necesitaba a nadie más allí. Estaba locamente enamorada y no se dio cuenta de cómo esto terminaría afectándola al 100%.

Luego de que pasaran algunos meses, su “mundo” comenzó a encogerse y a evitarla. Ya no hacían cosas juntos. Él no respondía sus llamadas o mensajes de texto, hasta que ella se dio cuenta de que estaba saliendo con otra persona y terminaron.

Ella trató de ser fuerte y olvidarlo, pero él supo manipularla a su antojo, así que, a pesar de tener otra pareja, la buscaba y jugaba con su cabeza cuando quería.Se hundió en una profunda depresión de la que fue bastante difícil salir, pero puso todo su empeño en hacerlo y lo consiguió.

En su último intento, creamos un plan para que eliminara todo el dolor y la culpa que sentía, abrió el camino y, finalmente, su corazón se sanó. Se le cayó la venda de los ojos y ella pudo ver más allá de la realidad que él le hacía creer, darse cuenta de lo lejos que la había llegado y de todo lo que le había permitido. Poco a poco fue recuperando a su familia y amigos. Este es el resultado de una relación cargada de apego emocional, en la que, en este caso, lo dió todo y fue perdiendo su lugar, y poco a poco se fue deprimiendo.

La importancia de la reciprocidad

Cuando esto sucede, nuestra relación se vuelve asimétrica. Es decir, una de las dos personas de la relación siempre se esfuerza y se sacrifica a favor de la otra, soportando periodos de estrés, cansancio e impotencia, que a la larga desgastan y afectan su autoestima.

Esto puede responder a los patrones pasados, lo que significa que la persona creció en un entorno donde tales relaciones eran normales, y no conoce otra forma de recibir y dar afecto. Mucha gente tiene la idea de que la relación consiste en una entrega total y un sacrificio permanente sin límites para el otro y que cuanto más das, más recibirás.

Sin embargo, lamentablemente, este no es el caso; De hecho, el célebre psicólogo Walter Riso sobre este tema afirma que “que el amor de una pareja no espera nada a cambio, es un invento del sumiso: si das, quieres recibirlo es normal, recíproco”. Por eso, si estás en una relación de este estilo, te invito a que dejes de engañarte, convenciéndote de que tu pareja va a cambiar porque eso no va a pasar.

Sé que tal vez tengamos miedo de sufrir y quedarnos solos, así que nos conformamos con lo que tenemos. Pero en cuanto al amor conformarse es un gran error, porque nadie nos obliga a hacer nada y tú te mereces lo mejor, tal vez la persona que esté dispuesta a amarte como tú te está esperando, pero tienes que aprender a no amar demasiado.

Sé que no es fácil salir de una relación como esta, he acompañado a muchas personas en su proceso, así que llámame, comencemos tu proceso y prepárate para vivir una relación en la que puedas ser totalmente feliz.

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