¿Vives para darle gusto a los demas?

Nuestra cultura nos ha enseñado que debemos dar la vida por los demás y ayudar y dar gusto a los otros, sin embargo, no nos mostraron “el lado oscuro” de esta tendencia y en este blog te la vamos a contar.

Desde pequeñas, especialmente a las mujeres, nos han enseñado la importancia de obedecer y especialmente de darle gusto a los adultos. Acciones como forzarnos a saludar, darle abrazos y besos a personas que no conocíamos, entre muchos otros aspectos, nos fueron enseñando que lo importante y valorado no era lo que estábamos sintiendo en ese momento y menos aún, lo que nosotros queríamos hacer, sino darle gusto a la persona que quería agarrarnos los cachetes o besarnos.

Este y muchos de los errores que cometieron con nosotros en nuestra infancia y que nosotros cometimos con nuestros hijos, de seguro nos llevaron a no saber diferenciar entre lo que elegimos por gusto y/o placer o lo que aceptamos por imposición, hasta llegar al punto de sentirnos culpables, si no hacemos lo que los demás quieren. En realidad, aprendimos que el placer debe venir de siempre darle gusto a los demás, a nuestra familia, compañeros de trabajo, amigos, y lo que es peor a desconocidos. Es cierto que existen ciertas normas de conducta, convivencia y cortesía, pero estas no dicen que tenemos que anteponer las necesidades, inquietudes y gustos de los demás por encima de las nuestras.

Y nos inventamos la manera de mantener el control sobre los demás y de ellos sobre nosotros, para mantener en funcionamiento la máquina de darle gusto a los demás y es en este punto donde radica esta reflexión.

Nuestro mayor problema no es criticar o hablar de los demás, sino que nos permitimos opinar o hablar con toda la autoridad sobre los otros y sus decisiones como si fuéramos expertos en divorcios, crianza de los hijos, en las relaciones de pareja y en fin en todo lo que corresponde a los demás… no sobre nosotros mismos… allí si no hay espacio para tales opiniones.

Al final lo que hacemos, es buscar dar gusto para que por lo menos nos critiquen más “Pasito”, como si eso fuera posible. NO, no es posible, la crítica es crítica y es un mecanismo de control, así que, si tú gastas tu vida tratando de darle gusto a todos, ya empezaste este juego perdiendo, pues no hay manera de que esto ocurra, al final siempre vas a quedar en deuda.

Quizá, ya es tiempo de que empieces a hacer lo que tú quieres y dejes el miedo al qué dirán. Si tú quieres vivir lleno de cansancio, frustrado y agotado en el día a día, la receta infalible es esta: darle gusto a los demás, resolver los problemas de todo el mundo, intentar agradarle a cada una de las personas que conoces y dejar tus cosas para después. Con esta receta vas a ver pasar tus días sin darte cuenta de ti y de lo que verdaderamente importa que son tus prioridades.

Entrar en la espiral de culpa por no satisfacer al otro, es sumamente fácil. Y no necesitamos ayuda, pues de inmediato el otro va a recordarnos que tenemos que sentirnos miserables.

Conozco el caso de una chica que vive con su pareja y su hijo y pues como muchas mujeres, ella es la cabeza de la de la familia. Su esposo trabaja y ella también, pero alguna vez hablando con ella me decía que quería ayudarle a todos y sentía una responsabilidad enorme por solucionarle a ellos todas sus cosas por más pequeñas que fueran, y esto la tenía agotada. Sentía que por más que hacía tantas cosas en el día, el tiempo no le alcanzaba y al final de la jornada, se daba cuenta siempre que las cosas que le faltaban por hacer y solucionar eran las suyas; porque en el transcurso diario de su rutina, solo estaba solucionando los problemas y necesidades de los demás en vez de dedicarse a sus cosas y darse la importancia que en realidad necesitaba.

Lo peor es que sabemos que al final siempre en lugar de agradecimientos, recibía críticas por las razones más sorprendentes y que ella menos esperaba. Después de esto nos volvimos a ver y hablamos del mismo tema a lo que ella me respondió que después de una de nuestras conversaciones ella se dió cuenta, de que no podía ser la que solucionara todo para los demás, así que empezó a tomar una actitud diferente ante estos casos, tanto como de su hogar, familia y hasta amigos. Ahora se le ve mucho mejor y más tranquila.

Es posible y necesario fortalecer ese lugar propio sin dejar de ser amable y amoroso con los demás. Construir una posición individual mucho más fuerte y favorable para uno mismo es prioridad para poder tener una relación de pareja equilibrada y una relación saludable con tus hijos. Aquí te dejamos unos consejos para que pongas en práctica si estas pasando por esta situación:

1. Identificar cuáles son las situaciones en las que tenemos más tendencia de darle gusto a los demás y empezar a hacer un giro y auto- administrar nuestra conducta para no seguirlo haciendo.

2. Prestar más atención a aquellas acciones de nuestro día a día y que requieren de nuestra presencia constante, atención y enfocarnos más en estas.

3. Aprender a decir no, interna y externamente. Internamente autocontrolándonos cada vez que queremos darle gusto a alguien y externamente manifestando el NO, claro y sin miedos. Vale la pena expresarse, así cueste y le disguste a los demás.

4. Pensar en ti. Pensar en sí mismo y ubicarse como prioridad por encima de los demás, aunque venga un sentimiento de culpa. Con el tiempo aprenderás que te van a valorar más en la medida en que te sepas valorar a ti.

“Decir NO es también una respuesta y tenemos que aprender a construirla como posibilidad”

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